Alzheimer

El estr?s en el acompa?ante del enfermo de Alzheimer

Hay muchas circunstancias y aspectos del acompa?amiento que pueden generar estr?s en el acompa?ante del enfermo de Alzheimer. Algunas de estas cosas pertenecen a la esfera material y log?stica, es decir, tener medios econ?micos o recursos log?sticos para poder sobrellevar algunas de las particularidades de la enfermedad. Quien tiene suficientes recursos econ?micos o asistenciales puede liberarse de algunas partes muy estresantes del acompa?amiento. Tener a alguien que nos sustituya o que pueda estar cuando nosotros no estamos permite tener tiempo para recuperarse; tener a alguien que duerma en casa si la persona pasa malas noches o poder pagar profesionales o centros de d?a o residencias (cuando son necesarias) alivia la carga.

Sin, embargo esto no es todo ni para todos. Mucha gente, incluso contando con mucha ayuda sigue estres?ndose el mucho o poco rato que est? con el enfermo de Alzheimer. Si incluimos tambi?n en esta reflexi?n a las personas cuyo trabajo es, precisamente, el de acompa?ar a un enfermo de Alzheimer, entonces es necesario hacernos cargo de que existe otro tipo de estr?s que no es gestionable aunque existan facilidades econ?micas ni delegable en nadie m?s.

Ese otro estr?s tiene que ver con nuestra manera de afrontar la enfermedad; de c?mo nos tomamos los cambios, el deterioro, la relaci?n con la persona enferma y el mundo de emociones, reacciones, defensas que nos provocan las transformaciones paulatinas que aparecen.

El primer motivo de estr?s es no entender qu? pasa y por ende no aceptarlo e intentar solucionarlo de cualquier manera. Queremos acabar como sea con aquella circunstancia que no comprendemos; ya sea el hecho de que a la persona enferma no le salga una palabra para pedir o explicar algo, o que haya cambiado de estado de humor sin que sepamos por qu?, o que de repente haya olvidado c?mo hacer algo que sab?a hacer ayer.

Quiz? en esos momentos es bueno recordar que no podemos saberlo ni solucionarlo todo, pero siempre podemos trabajar lo que s? depende de nosotros mismos: mantener la calma y permanecer en un estado de observaci?n de la persona. Quedarnos quietos por un momento antes de reaccionar y ver c?mo est? la persona y c?mo estoy sinti?ndome yo.

No hay que saberlo todo, pero lo que s? hay que intentar averiguar es cu?les son mis propias reacciones ante cosas que son habituales de la enfermedad y que no comprendo o acepto del todo. Trabajar con uno mismo para entender c?mo nos sentimos en esas circunstancias nos ayudar? a poder elegir una respuesta m?s adecuada y m?s rica, una que sea mejor para la persona enferma y, por lo tanto, para nosotros. Un modo de hacer que nos permita a los dos salir del atolladero en el que nos ha colocado la situaci?n o la circunstancia concreta.

Otra cosa que ayuda en esos momentos es observar si somos nosotros los que estamos generando el problema, porque muchas veces «el problema» que estamos viendo nosotros no existe en la realidad ni tampoco existe para la persona enferma. Quiz? para el enfermo estar cepill?ndose el pelo con el cepillo de dientes no sea un problema o el hecho de comer con las manos o de desnudarse en p?blico y, en realidad, no son ning?n verdadero problema. En esas situaciones, en las que la persona enferma no est? en peligro ni en las que existe un problema real, tenemos que parar y reflexionar para darnos cuenta de que estamos reaccionando de manera desproporcionada (seguramente condicionados por nuestras creencias, prejuicios, etc.) para no reaccionar de modo tr?gico, ni escandaloso ni urgente, sino con tranquilidad sin estresar al enfermo y sin estresarnos nosotros.

Muchos de estas circunstancias o de estos comportamientos que el acompa?ante percibe como «cri?ticos» mirados objetivamente no son tales pero tensionan o ponen nervioso al acompa?ante porque para implican m?s tiempo o m?s trabajo con la persona enferma en ese momento (tener que lavarle de nuevo o cambiarle de ropa cuando lo acab?bamos de hacer) o de incomodidad social o moral (me incomoda que vean que la persona enferma desvar?a o me da verg?enza que no se sepa «comportar en sociedad» o que me deje en rid?culo).

Por eso es muy importante trabajar con uno mismo para entender y diferenciar cu?ndo existe realmente un problema y cuando lo estamos creando nosotros.

Las dos ?ltimas reflexiones a este respecto.

La primera es que la regla del humor y del amor que siempre ayuda a aliviar las tensiones. Hay que superar el espanto de esas situaciones y encontrarles la risa para compartirla con la persona enferma en vez de ?rega?arla? con nuestra actitud. Pero all? donde no llegue el humor tiene que llegar el amor, querer a la persona tal y como esta en ese momento. Y all? donde el amor no pueda llegar en un primer momento tendr? que llegar el humor como flotador. Eso s? un humor respetuoso y dignificante de la persona enferma, un humor que ella pueda compartir con nosotros, que le haga re?r o sonre?r.

La ?ltima reflexi?n de todas es ser conscientes de cu?ndo estamos sobrepasados y buscar ayuda. Dependiendo del grado de estr?s y de los recursos propios, del car?cter y de la personalidad a algunas personas les valdr? con una velada entre amigos o tiempo para dedicar a sus actividades o hobbies. Sin embargo, creo que la gran mayor?a de las personas pasar?n por momentos en los que esto quiz? no sea suficiente y es entonces cuando uno tiene que ser consciente de sus l?mites y buscar m?s ayuda.

Encontrar profesionales o t?cnicas con una mente un poquito m?s abierta y no s?lo reducida a la medicaci?n (aunque se necesite en ciertos momentos no sustituye ni hace el trabajo de toma de conciencia propio ni de conocimiento de uno mismo). Buscar espacios que ayuden a trabajar las emociones, los pensamientos, a sacarlos fuera y mirarlos en vez de a anestesiarlos o ignorarlos. Por ejemplo, mi madre y yo ?bamos juntas a arteterapia hasta un mes antes de que mi madre muriera. Cada una hac?a sus cosas y ambas compart?amos un rato de cuidado personal, un lugar donde expresar nuestras emociones. Para ambas fue un regalo, un espacio abierto de escucha y de creaci?n de la mano de nuestra arteterapeuta Petra Greule. (Aqu? os dejo su contacto por si os interesa. Ella est? en Barcelona.)

Tambi?n es importante proveer a la persona enferma del cuidado que la medicina no contempla. A lo mejor necesitan verbalizar las cosas con una psic?loga m?s abierta experta en geriatr?a o se sientan m?s c?modas trabajando sus emociones de manera m?s corporal o f?sica. Para la persona enferma se pueden buscar cosas que las satisfagan y que, a la vez, les den calidad de vida, por ejemplo, puede que la visita a un oste?pata tan profesional como delicado (como Pascale y Christophe Pech los m?os y los de mi madre en Barcelona) o a un masajista. O empezar algo que le guste y que nunca pudo hacer, ir a clase de baile o de pintura (eso requerir? por nuestra parte buscar a un profesional que tenga tacto y paciencia, ?pero existen!)

Y si esto no es suficiente buscar m?s ayuda pero siempre enfocada a trabajar con nosotros mismos, a profundizar en nuestro cuidado en vez de buscar tan s?lo un desahogo o una pastilla que nos haga dejar de sentir.

Os dejo un link sobre c?mo ven otros las dificultades de los acompa?antes.

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